martes, 11 de enero de 2011
Me dejé vencer por un perro
Sí, así sin más... la semana pasada mi esposo y yo salimos a pasear a Cuchiflais, y como ya lo había descuidado bastante durante la semana de vacaciones, esta vez me tocó a mí llevarlo al mando.
Cuchiflais está muy hecho a mi esposo, y cuando está él no existe nadie más para el perro; aun así me arriesgué y le hice su acostumbrada obediencia: junto, sentado, abajo, quieto; al principio la hacíamos todo el tiempo con premios pero últimamente alternamos con cariños; en esta ocasión sólo lo estaba premiando con caricias, pero Oh! Sorpresa! Cuando llegamos a los quietos los hacia tan perfectos que cuando le llamaba para que fuera hacia a mí el condenado NO IBA!!!, se hacía como la mamá del muerto y obvio como no llevaba croquetas ni nada por el estilo no había modo de darle una ayudadita para viniera a mí cuando se lo ordenaba.
El parque, la fuente, nosotros frente a la fuente, una pareja sentada a la orilla de la fuente contemplando como entrenaba a mi perro, mi esposo diciéndome que tuviera paciencia que ya me estaba enojando y que Cuchiflais percibía esa energía; total que la desesperación efectivamente se apoderó de mi aunado a que pensaba que la pareja se empezaba a reír de nosotros por lo que la pena también empezó a hacer mella en mi cerebro y pues finalmente dejé que el perro se saliera con la suya y mi esposo terminó tomando el mando.
¿Qué aprendí?
Que para lograr las cosas no debemos desesperarnos y quererlas nomás porque sí, hay que trabajar por ellas para poder tenerlas.
Que los perros en verdad se comunican a través de energía y si ellos no se sienten seguros o cómodos, simplemente no van a hacer lo que les pides y por último,
Que hay que aprender un poquito de la filosofía perruna: ANTE LA ENERGÍA NEGATIVA, NADA MEJOR QUE IGNORAR.
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